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Colgando de un hilo

Por: Lucas Edwards, director en Extend Comunicaciones

Durante casi 20 años, las redes sociales (RRSS) han democratizado el alcance de la ideas y la capacidad de reconocerse y organizarse entre quienes adscriben a las mismas, funcionando como un cerebro en red que va descubriendo en esta unión la fuerza necesaria para poder hacer frente a lo que consideran injusto, o bien intentar imponer su visión de la sociedad. Hoy la socialización en mundos digitales tiene el potencial para generar cambios sistémicos.

Muchos de los movimientos de los últimos años, como MeToo o Black Lives Matter, encontraron en las RRSS el espacio preciso para generar conciencia y luego movilizarse en las calles. Las ideas que desafían el status quo y proponen cambios estructurales al sistema tienen mucho menos problemas en transformarse en elementos de la discusión pública que previo a esta revolución comunicacional.

Pero el poder de la organización de comunidades digitales no se queda en el levantamiento y manifestación de causas, una movilización puede ser 100% digital y tener efectos concretos.

El lanzamiento de la campaña de Trump fue frustrado por miles de tiktokers coordinados para reservar un millón de entradas, hasta agotarlas. No asistieron más de 10 mil personas y el presidente tuvo que dar su discurso en un estadio casi vacío. Cortesía de una generación que maneja las relaciones entre el mundo digital y el tangible con una naturalidad que hace anticuado intentar distinguir entre ambos. Lo boicotearon desde la comodidad del hogar.

Ahora vimos cómo unos jóvenes organizados a través de Reddit le dieron una paliza a los fondos que estaban vendiendo en corto las acciones de GameStop y otras empresas rezagadas por el avance de la tecnología. Haya sido por nostalgia, por castigar a los fondos de cobertura o por interés económico propio, la compra coordinada de acciones de esta empresa sacudió a Wall Street y dejó en evidencia el poder que entregan las RRSS a la ciudadanía.

Pero no hay mucha diferencia estructural entre el fenómeno de GameStop y quienes están lucrando a través de la movilización de gente desinformada en torno a cambios masivos de fondos de pensión en Chile, sin dar cuenta del potencial alcance e impacto que esto podría causar en la rentabilidad de los afiliados. El empoderamiento ciudadano y su organización a través de las plataformas digitales de comunicación no es inherentemente virtuoso.

Los algoritmos dan mayor alcance a las posturas que generan mayor interacción y generan un filtro burbuja, en el que el usuario se radicaliza. Esto, en el marco de la cultura de la cancelación, las falacias y las fake news, permite a demagogos carismáticos interpretar sectores y manipular, sobresaliendo en la saturación de información actual y manejando la conversación digital, pasando rápidamente a la discusión política. Estas personas tienen las mismas herramientas de movilización social digital que la causa más noble.

Ad portas de un proceso de cambios a nivel país, es importante entender cómo funcionan las redes sociales, especialmente porque la regulación siempre vendrá varios pasos más atrás. Esperemos que el periodismo de calidad y la misma tecnología nos ayuden a luchar contra la desinformación. Mientras tanto, si no nos preocupamos de consumir contenido diverso, el algoritmo nos llevará a radicalizarnos. Si no profundizamos en lo que leemos, seremos manipulables. Sin chequear las fuentes, podemos desinformarnos y desinformar. Si no reconocemos cómo funcionan las RRSS, podemos convertirnos en tontos útiles. El mundo digital no es paralelo al mundo real, por lo que o nos hacemos conscientes de esto y nos educamos, o estaremos colgando de un hilo.

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